4. Trabajo Social y Adicciones

4.    TRABAJO SOCIAL Y ADICCIONES.

 

4.1 ALGUNOS PROBLEMAS SOCIALES QUE PUEDEN ORIGINAR LAS ADICCIONES.

 

No hay una razón especifica o general el porqué las personas lleguen a consumir una droga; pero hay muchos factores de riesgo que los pueden orillar a tener contacto con alguna sustancia toxica y convertirse en un adicto.

Cabe aclarar que en este trabajo no se va a generalizar, sólo son casos en los que el problema social está relacionado con la adicción, pero no todos los que tengan dicho problema quieren decir que por consecuencia es un adicto.

Un portal católico de nombre “aciprensa”, en un artículo menciona que existen muchas causas y muchos factores. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el fenómeno de la drogadicción no es exclusivo de un grupo o estrato social, económico o cultural determinado. El consumo de drogas afecta a toda la sociedad en su conjunto.

En general, el uso de drogas corresponde a un afán de huir de la realidad. Las drogas proporcionan una vía de escape, un alivio temporal a los problemas personales, familiares o sociales. También son una puerta de salida frente al vacío existencial presente en el interior de la persona, el cual la lleva a volcarse en búsqueda de salidas ilusorias que llenen dicho vacío.

Algunos factores que favorecen el fenómeno de la drogadicción pueden ser clasificados del modo siguiente:

·         Factores de tipo social.

·         Factores de tipo familiar.

·         Factores de tipo individual.

El desarrollo a detalle de estos tres factores, se pueden ver en el siguiente link: http://www.aciprensa.com/drogas/consumir.htm.

  

 El origen, causas y efectos la sustancias que se verán a continuacion, se pueden encontrar en el apartado número dos de nombre: “Principales sustancias adictivas o estupefacientes: efectos y consecuencias”.

4.1.2 ADICCIONES EN NIÑOS DE LA CALLE.

  

Los niños de la calle viven en una situación de vulnerabilidad constante, se encuentran expuestos a la intemperie de cualquier problema, como enfermedades, embarazos no deseados, prostitución, trafico de drogas, adicciones, etc.

 

Pero; ¿Cuáles son las principales causas por la que un niño de la calle decide consumir una sustancia toxica?

 

 

Desde el principio del trabajo se ha mencionado que una de las causas donde las personas se hacen adictas es por escapar de la realidad en la que viven, creando las drogas un estado de felicidad; pero especificas por las que un niño de la calle se droga, pueden ser las siguientes:

  

  • Tener valor para robar.
  • Olvidar los problemas.
  • Ser feliz.
  • Dormir.
  • No sentir dolor.
  • No tener hambre.
  • Olvidar.
  • No tener frio.
  • No tener remordimiento al cometer un acto ilícito.

En un estudio realizado en Julio-Diciembre 2007 en México, enfocado a las adicciones para explorar el marco general de lo que enfrenta una población como la de los niños en la calle dentro de las sustancias que alguna vez han consumido, se observó 68% de consumo de tabaco e inhalantes, 44% de cocaína, 36% de marihuana y alcohol, 20% de medicamentos diversos, 12% de anfetaminas y 8% de heroína, datos que revelan que esta población ha probado prácticamente todas las sustancias, dentro de las sustancias a las que reconocen ya haber desarrollado adicción se reporta 88% a inhalantes, 58% a marihuana, 34% a tabaco, 17% a alcohol y 4% a cocaína.[1]

  

4.1.3 ADICCIONES EN ADOLESCENTES.

 

Cinthya Sánchez, escribió en un artículo del Universal con nombre ¿Por qué beben los jóvenes? que “en los últimos años se ve con más frecuencia a menores con problemas de adicción; ellos aceptan que toman por convivir, por el efecto placentero del sabor y la sensación que produce; lo hacen en reuniones, en sus coches y donde juegan futbol.”[1]. Este artículo fue publicado en julio del 2006, el artículo completo se puede ver en la siguiente página web: http://www.eluniversal.com.mx/nacion/141038.html.

  

En otro artículo, publicado en el Informador, se menciona que: “392 mil adolescentes entre los 12 a los 17 años de edad tienen dependencia al alcohol, de esta cifra, 146 mil corresponde a mujeres.”[2]; escrito por E. Pacheco, más información en la pág.: http://www.informador.com.mx/mexico/2011/313974/6/aumenta-consumo-de-alcohol-entre-mujeres-adolescentes.htm.

 

Los jóvenes en la adolescencia se enfrentan con presiones importantes para su edad, por ejemplo: problemas familiares y emocionales, cambios de personalidad, frustraciones en la escuela y en la vida social.

 

Aunque los motivos de los jóvenes para el consumo de las drogas son diferentes de los adultos, tanto unos como otros utilizan las drogas de la misma forma. Encuentran placer y sensaciones agradables, sentimientos de euforia y varios niveles de intoxicación. Son lubricantes sociales, disminuyen las fricciones del contacto social reduciendo la ansiedad en el tímido y las inhibiciones del indeciso. También pueden tener una función de ritual para aquellos que creen que las drogas proporcionan un acceso a las verdades interiores y a la revelación (aunque los alucinógenos son tomados tanto por los que buscan sensaciones, como por los que buscan el autoconocimiento).[3]

  

Los adolescentes se encuentran en una etapa de exploración, de saber ¿Quiénes son? y ¿Qué quieren?, tener nuevas experiencias, así tengan que correr riesgos como el consumo de drogas.

  

Solum Donas Burak en su libro “Adolescencia y juventud en América Latina” menciona algunos factores de riesgo, para que un adolescente tenga la curiosidad o peor aún la iniciativa de querer y llegar a consumir alguna sustancia toxica, de las cuales destacan las siguientes:

  

Vulnerabilidad individual:[4]

  

  • Uso temprano de alcohol y/o drogas.
  • Falta de pertenencia a redes sociales.
  • Déficit de la escolarización (no escolarizado, repitencia, huidas del colegio, abandono, escolar, exclusión).
  • Comportamiento psicopatológico vinculado a carencias afectivas impulsividad y/o agresión antisocial, déficit de atención.
  • Uso de drogas por adultos convivientes.
  • Haber padecido violencia y/o sadismo familiar.
  • Desconocimiento de las consecuencias dañinas del abuso de drogas.
  • No estudia ni trabaja.
  • En su grupo de amigos se usan drogas.

Este autor también menciona algunos factores negativos en la familia para un adolescente, como:

  

Vulnerabilidad Familiar[1]

 

  • Historia de alcoholismo y narco-dependencia.
  • Comportamientos antisociales en el grupo familiar.
  • Uno de drogas por padres o hermanos.
  • Familias multi-problemáticas.
  • Familia a cargo de un solo adulto/a.
  • Desempleados o con empleos precarios.
  • Baja escolaridad de los adultos.

Así también, el adolescente se encuentra vulnerable a nuestra sociedad.

 

Vulnerabilidad comunitaria o anomia social[1]

 

  • Alta disponibilidad de drogas y alcohol.
  • Falta de control de alcoholemia.
  • Bajo precio de alcohol y/o drogas.
  • Falta de normativas.
  • Crisis de valores comunitarios.
  • Sobrevaloración del consumo y hedonismo.
  • Pobreza crítica con exclusión social.
  • Falta de límites y sanciones a los pequeños comportamientos antisociales.
  • Inseguridad, violencia y comportamientos delictivos.

Todo esto enmarcado en un escenario sociocultural donde los medios masivos de comunicación se destacan al servicio del modelo imperante como modeladores de los estilos de vida, de la incorporación de la filosofía del tener, del individualismo, la competitividad, la excelencia y el acceder a una porción de poder. Esto ha traído aparejado las fisuras en el tejido social, caracterizadas por la ruptura de los valores y comportamientos solidarios, el debilitamiento de las estructuras familiares y del rol adulto como figura protectora de los más pequeños.[1]

  

4.1.4 LOS NIÑOS Y LAS ADICCIONES.

 

CIJ, menciona que aun no se sabe con exactitud por qué un niño llega a consumir drogas, lo que sí es cierto es que entre más riesgos se conjuguen, más vulnerables se encuentran ante el inicio del uso de tabaco, alcohol u otras drogas. Es una realidad que en la actualidad el consumo de drogas se está presentando a edades más tempranas. Los especialistas destacan que:

  

 

  • La elevada disponibilidad de estas sustancias,
  • La permisividad social hacia el consumo,
  • El uso por parte de los familiares y los amigos,
  • La Violencia,
  • La falta de reglas claras en el hogar y
  • El escaso involucramiento de los padres con las actividades, intereses y emociones de sus hijos;

Son situaciones que exponen a los niños ante el consumo de sustancias tóxicas y a otros riesgos psicosociales asociados.[1]

  

4.1.5 VIOLENCIA FAMILIAR Y ADICCIONES.

  

“La prevención del la violencia familiar es un elemento fundamental en el combate al abuso de sustancias, pues en la mayoría de los casos ambos son problemas que están ligados y dejan secuelas permanentes, por lo que es indispensable contar con herramientas para contrarrestarlos desde la familia”[1], aseguró el director del CIJ, Víctor Manuel Guisa.

  

 Reconoció que el problema de las adicciones y la violencia intrafamiliar cada vez se da con más frecuencia. Las víctimas son por lo general los integrantes más vulnerables del núcleo familiar como mujeres, niños y ancianos. El sufrimiento, la angustia y la impotencia son factores de riesgo para caer en las adicciones, un alto porcentaje de quienes consumen drogas tienen en su pasado una historia de violencia familiar.

  

En un artículo publicado en El Siglo de Torreón, se hace énfasis en que El 70 por ciento de los eventos de violencia familiar en México son provocados por el consumo de alcohol; el contenido completo de esta nota se puede ver en: http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/263508.generan-adicciones-violencia-intrafamiliar.html
 

  

4.1.6        BULLYNG ESCOLAR Y ADICCIONES.

 

 

En un artículo de nombre “El consumo de drogas asociado al acoso escolar (Bullying)”,[1] publicado por CIJ y escrito por Graciela Alpízar Ramírez, se menciona que uno de los efectos del acoso escolar es que los acosados pueden presentar afectación en su autoestima y comenzar con el ausentismo y la deserción escolar, desarrollar problemas de concentración y dificultades de aprendizaje, generando insatisfacción y falta de motivación.

 

Otros reaccionan de manera violenta, en un esfuerzo por recuperar su condición, y algunas veces hostigan a otros compañeros de clase. Asimismo, experimentan niveles de estrés, depresión y ansiedad, lo cual puede llevarlos a cometer suicidio.

 

Los acosadores también tienen problemas, experimentan ansiedad y depresión, afrontan un mayor riesgo de suicidio y de lastimarse a sí mismos que los niños y las niñas que no se involucran en la dinámica de hostigamiento escolar. Es decir, acosados y acosadores tienen más probabilidades de perpetuar el ciclo de la violencia que quienes no se exponen a esta situación; además, aumenta la conducta antisocial y de riesgo en la vida adulta.

 

Los protagonistas del acoso escolar son vulnerables al consumo de alcohol y otras drogas.

 

También está el caso de niños y niñas que llegaron a sufrir violencia sexual por parte de sus compañeros o maestros y prefieren no decir nada, por temor a las repercusiones; en ocasiones, para sobrellevar y soportar su situación, abusan del consumo de alcohol y otras drogas.

 

Este artículo menciona que el consumir una o dos copas de alcohol incrementa la violencia ejercida a más del doble, en comparación con el alumnado que nunca ha consumido bebidas alcohólicas; de la misma manera, la magnitud de la violencia aumenta entre los alumnos que han fumado.

 

Toda la información de este artículo se puede rescatar en la siguiente pág.:http://www.cij.gob.mx/QuienesSomos/pdf/5Elconsumodedrogasasociadoalacosoescolar.pdf
 

4.1.7 PROSTITUCIÓN Y ADICCIONES.

  

El CIJ, en su página de internet, tiene un artículo de un diario con nombre Excelsior, publicado el 12 de abril del 2011, en el cual se rescata que las mujeres que se han prostituido y no son ayudadas a reinsertarse en la sociedad, se convierten en victimarias; trayendo como consecuencia, que sean agresivas, se convierten en madrotas”, terminando en el mismo negocio, o se hacen adictas a las drogas, alcohol y al crimen organizado.

Todo el artículo completo, se puede ver en el siguiente vínculo: http://www.intranet.cij.gob.mx/Aplicaciones/sint_info/archivo/ID71073_EXCELSIOR-6.pdf

 

4.2 INTERVENCIÓN DE TRABAJO SOCIAL CON ADICTOS.

 

El trabajo social tiene como funciones específicas, según, Ezequiel Ander-Egg, la implementación de políticas sociales y la educación, promoción y animación social u prestación de servicios sociales realizados con alcance asistencial, preventivo de rehabilitación. A través de estas acciones se procura desatar un proceso de promoción del autodesarrollo interdependiente de individuos, grupos y comunidades, según sea cada caso el ámbito de actuación.[1]

 

Desde el punto de vista del enfoque operativo de la implementación, para Ander-Egg, está puede tener tres alcances:

 

  1. Acción preventiva: tiende a actuar sobre causas inmediatas o génesis de los problemas específicos para evitar la aparición de los mismos o el surgimiento de los factores desencadenantes de dichos problemas.
  2. Acción asistencial: procura satisfacer necesidades y resolver problemas asistiendo a quienes, por un motivo u otro sufren una situación de marginalidad o de carencias básicas dentro de la sociedad.
  3. Acción rehabilitadora: procura la reinserción social de las personas afectadas una vez resuelto el problema y para evitar que este se reproduzca.[1]

 


[1] Ibíd., pág. 47

 

Este ultimo considerándolo como el más adecuado trabajar con personas farmacodependientes a cualquier sustancia, sabiendo que la forma en que se intenta “curar” a los adictos está desde el principio viciada de nulidad; ya que los adictos, en su mayoría no se hayan interesados en dejar el vicio. Llegan a el por una necesidad que sienten interior pero que es provocada por problemas exteriores, y en tanto estos persistan, no sienten deseos de sanarse.

 

El objetivo del trabajador social para el adicto será entonces, corregir al máximo sus problemas de personalidad, remplazar la sensación de ansiedad e inseguridad que lo caracteriza por una de bienestar, proporcionándole los medios para que pueda adquirir firmeza, confianza y seguridad en sí mismo, así como sentido de responsabilidad personal, familiar y con su entorno social en el que se desenvuelve.

 

Los programas deben ser flexibles y acordes a las necesidades de cada usuario, pues si se trata de sujetos que solo hacen uso de drogas en forma incidental por un motivo especial, seguramente no han desarrollado dependencia psicológica y mucho menos física. Por lo tanto es raro que necesiten internación para su tratamiento, pero si seguramente necesitaran orientación psicológica y quizá también evaluación psiquiátrica y social, cosas estas que pueden cumplimentarse a través de consultorios externos. También abra casos donde solo abra falta proporcionar un servicio de orientación.[3]

 

El rol del trabajador social para personas con problemas de drogas, para Burak Solum Donas, debe de ser multidisciplinario, trabajando en conjunto con otros profesionales de la salud, teniendo como objetivos principales, para el adicto adolescente los siguientes: 

 

  • Educación preventiva continua.
  • Coordinación y coherencias de los programas y los equipos.
  • Desarrollo de políticas preventivas.
  • Participación de las poblaciones.
  • Accionar articulado de las instituciones.
  • Integración de los sectores.
  • Interdisciplinariedad e intersectorialidad en el trabajo de los equipos.
  • Sostenibilidad.
  • Investigación.
  • Evaluación.
  • Reprogramación participativa.[1]

 


[1] Op. Cit. Nota 36, pp. 463-464.

 

      

Esta autora dice que la tarea específica de un trabajador social con adictos, se puede dividir en “intra-mural” (la que se realiza dentro del establecimiento) y la “extra-mural” (la que se realiza fuera del establecimiento).

 

El profesional, en su trato con los asistidos, deberá siempre respetar a los drogodependientes como personas que son; esto implica una conducta “apriorística” no crítica.

 

Los trabajadores sociales, creen y sostienen que lo más importante como camino terapéutico, es manejarse a través del área afectiva y no de la intelectual interpretativa.

 

Esto último no significa la pérdida de autoridad o de la distancia necesaria entre el terapeuta y el asistido, sino, por el contrario, quiere decir que hay que darles la oportunidad de ser tratados como “seres humanos lesionados por un serio problema” a los cuales hay que ayudar.

 

Esas personas enfermas y tan dependientes de factores externos (drogas) para lograr apoyo emocional están muy necesitados de que los profesionales, que los tratan, entre los cuales figuran el trabajador social psiquiátrico no sean de aquellos que sientan que están tratando con individuos despreciables, porque de ser así, de no haber superado este sentimiento negativo hacia el drogadicto, este percibiera el rechazo, lo cual contribuirá a alimentar la baja estimación que (en general) tiene por sí mismo.

 

Los drogadictos necesitan para su atención un ambiente especial capaz de contar con controles específicos y limitaciones firmes, para poder evitar que lleguen a tener posibilidades de recaer.

 

Para estos pacientes es útil la actividad grupal donde se les brinda la oportunidad de relacionarse con otros individuos que tienen problemas comunes, lo cual contribuye a neutralizar en algo ese sentimiento de “cosa mala” que han estado experimentando y fuera alimentado por la actitud hostil y rechazante de la sociedad.[5]

 

El rol del trabajador social enfocado a adolescentes con problemas de drogas debe de ser multidisciplinario, trabajando en conjunto con otros profesionales de la salud teniendo como objetivos principales, para el adicto adolescente los siguientes:

 

  • Educación preventiva continúa.
  • Coordinación y coherencias de los programas y los equipos.
  • Desarrollo de políticas preventivas.
  • Participación de las poblaciones.
  • Accionar articulado de las instituciones.
  • Integración de los sectores.
  • Interdisciplinariedad e intersectorialidad en el trabajo de los equipos.
  • Sostenibilidad.
  • Investigación.
  • Evaluación.
  • Reprogramación participativa.[6]

[1] Ander-Egg, Ezequiel, El Trabajo Social como Acción Liberadora, Ed. Humanitas, 1972, pág. 43

[2] Ibíd., pág. 47

[3] Becerra, Rosa María, Trabajo Social en Drogadicción, Ed. Humanitas, 1999, pp. 103-106

[4] Op. Cit. Nota 36, pp. 463-464.

[5] Op. Cit. Nota 45, pp. 118-120

[6] Op. Cit. Nota 36, pp.463-464

 

 


[1] Óp. Cit. Nota 27


[1] Op. Cit. Nota 31



[1] Op. Cit. Nota 27.


[1] Ídem


[1] Ibíd., pág. 452


[1] ídem.


[1] EL UNIVERSAL disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/nacion/141038.html, (recuperado en noviembre 2011)

[3] Op. Cit. Nota 14, pp. 24-25

[4] Solum Donas Burak, Adolescencia y juventud en América Latina. Ed. LUR, 2001, pp. 451


[1] Patricia Martínez Lanz, Mariana Rosete Rubio y Renata de los Ríos Escalante, Niños de la calle: autoestima y funcionamiento yoico, julio-diciembre 2007, disponible en: http://www.cneip.org/revista/12-2/martinezlanz.pdf (recuperado en Noviembre 2011).